Escribo en la noche

escribir por la noche

Escribo en la noche

¿Qué importa si tiene sentido o no? Vives rodeado de gente que nunca te saluda y luego están esos otros que te saludan mandando fotos de rabos con la intención de quedar para un «Ahora, y tengo popper». A mí eso ya no me pone cachondo. No sé porqué tengo el buscaperras si me deja indiferente. Supongo que, en el fondo, me siento acompañado. A muchos ya los he conocido. Me basta con leer el seudónimo para asociarles el rabo, o el culo, o lo que sea.

Algunos de mis amigos empiezan a preguntarse qué me ha pasado para que ya no sea el mismo de siempre. ¿El mismo qué? ¿El mismo que hacía muecas en las fotos o el mismo idiota que se pasaba la vida fingiendo ser lo que no soy?

No, ya no me apetece.

De hecho, no me apetece nada de nada, ni siquiera pasear por ese bosque a los que a muchos les digo que nadie más lo conoce, pero que en realidad… Bueno, todo el mundo sabe dónde está si quieres esconderte o escaparte.

Pero tú me miras y piensas que no me doy cuenta. Sí, te pesco al instante cada vez que tratas de encontrar una pista que te lleve a resolver ese misterio que trae loco. Es un juego, supongo. Tú buscas respuestas y yo dejo que formes parte de mis momentos de no ser nada, o ser solo yo.

Sin embargo, cuando te quedas dormido, escribo en la noche y voy dejando pistas de lo que quiero, como ese loco que murió de un disparo en la cabeza justo después de acabar el poema.

Ahora prefiero estar a solas y vivir a ratitos con algunos amigos. Me gusta compartir con todas ellas un poco de mi tiempo para que el día de mañana tengan un bonito recuerdo mío. No quisiera ser ese recuerdo traumático o triste que dejan muchas personas sobre las otras. Yo no soy así. Y aunque ahora te parezca que el mundo entero me la trae floja y que me he largado para ser el centro de atención, es que no has leído bien entre líneas y tampoco te estás enterando de mucho.

Piénsalo, ahora que lees esto deberías recordar lo que te dije ese día: «No se trata de ti ni de mí, sino de todo lo demás, de lo que no hemos hecho y de lo que nunca vamos a conseguir. Tenemos que salir fuera».

Y ahora, cuando apague la luz, cambiaremos la perspectiva: tú me perderás de vista y yo seré el que te vigile hasta la madrugada.

 

 


Si quieres leer más relatos breves como este, puedes hacerlo desde aquí 

Besos y abrazos

Huir de la ciudad

Este mes ha sido un poco raro, tirando a tortuoso y lleno de cambios. Pero ya estamos en la última semana de abril, y como ya va siendo una costumbre toca un breve relato LGBT.

Si ya has leído los anteriores, es muy posible que notes algo durante la lectura. Ahí te lo dejo, pero si quieres saber más, te invito a unirte a las Charlas de Piso porque ahí es donde te cuento los cotilleos más sustanciosos 😛

Y ahora te dejo con el relato de abril:

Huir de la ciudad

 

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3 Millones de pasos

Ya tenía ganas de que llegara esta semana para poder compartir contigo el nuevo relato mensual. La verdad es que estoy disfrutando mucho. Echaba de menos esta sensación de poder contar una historia en pocas frases, condensando el mensaje, como una bofetada en la cara. Me encanta escribir relatos, por si no lo has notado me da ese ratito de libertad para poder descansar de la escritura de las novelas. Aunque te confieso que, a menudo, son ideas descartadas o fragmentos que decido que no son útiles y necesarios para las novelas.

Pero si quieres que te diga la verdad, mis relatos preferidos son aquellos que nacen de las historias de la gente porque así puedo apropiarme de ellas para luego distorsionarlas o camuflarlas como mejor me parezca. ¿Te gusta el leitmotive de mi próximo libro de relatos?

Hablando de proyectos, últimamente estoy trabajando en varios a la vez, algunos de ellos ya han salido a la luz y otros siguen esperando a que llegue el momento ideal. Pero el desorden es una materia más de mi carrera de escritor y quiero adecentar la mesa del despacho para poder enseñarte las cosas que estoy haciendo. No me gusta tenerte desinformado, de verdad que no. Prometo contarte cosillas esta semana si te apuntas a las charlas de piso, que hace mucho que no pedimos pizza para contarnos cotilleos 😛

Mientras tanto, te dejo con el nuevo relato mensual. ¿Tendrá algo que ver con Palabras enjauladas?

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