¡Socorro, no puedo escribir! El bloqueo del escritor

¡Socorro, no puedo escribir!

El bloqueo del escritor

 

Creo que ya no sé escribir, por no decir que es un bloqueo de escritor, o con suerte solo se trata de una profunda fase cuando llevas meses o años sin teclear nada. Me cuesta creer que yo publicase esto en el verano de 2018 y dijer: «A estas alturas no se trata de comprender cómo es posible que haya quienes puedan dejar de escribir los mismos que se definen como escritores, pero existen, aunque no lo dicen todos quienes abandonan la escritura. Pero luego pasa lo que pasa y para cuando quieren volver a echar ríos de tinta, les cuesta más volver a coger el ritmo de teclear una hora —por lo menos— al día». Ahora me entra la risa floja.

Vamos a hablar un poco sobre el bloqueo del escritor.

Bloqueo del escritor

Me siento como el de la foto: gordo y flácido. Cuando miro mis manos veo que tengo los dedos pesados, torpes, casi inútiles, por no hablar de mi cerebro oxidado. Sin embargo, hay un resplandor en alguna parte de mi mente que intenta decirme algo. De cerca veo que es un destello diminuto que pretende iluminar el mundo a su manera —¡qué ingenuo!—. Y yo, como escritor, me identifico como ese tipo que, en medio de un bosque oscuro, trata por todos los medios posibles que no se pierda esa chispa en la leña.

Es importante que no se apague esa chispa. Tienes que buscar aquellas viejas anotaciones que sabes que no te llevarán a ninguna parte y que pueden ser la solución a tu problema, porque para otra cosa no te van a servir. Pero ahí están, curiosamente, a mano. Las releo y me avergüenzo. Ahora siento que soy mejor escritor que nunca. Lo irónico es que sigo sin poder escribir. Y me dormiré pensando en todas aquellas horas que escribía sin cesar.

Volver a escribir cuesta, joder si cuesta. ¡Cuesta con cojones retomar la escritura! Lo peor es que sé lo que debo hacer, por algo he leído y estoy releyendo artículos como este de Gabriella Campbell en el que, entre otras cosas habla de disciplina e inseguridades, que es lo que me sucede ahora mismo.

Leer, sí, es esa recomendación que decimos todos y que no deberíamos dejar nunca de hacer. Es cierto, leer tiene sus beneficios, no solo para escribir sino que también refuerzan la memoria y nos hace quedar como auténticos influencers cuando lo compartimos en las redes sociales, y fuera de ellas. Leer es la clave. Es fundamental para mantener el cerebro en marcha, y no he dicho nada nuevo. Y esta es otra más: dejé de leer por inapetencia, exceso de trabajo o de horario laboral. Las horas de trabajo eran tantas que reducían mi vida personal a la cena y su posterior ritual de cerrar los ojos en el sofá, y vuelta a empezar al día siguiente. A pesar de que me levantaba de nuevo con energía, al cabo de un tiempo, esta misma se disipó. Y para cuando quise darme cuenta, solo leía Netflix, HBO y poco más.

Desmotivación extrema

La desmotivación, o una serie de factores que me llevaron sin frenos a no escribir absolutamente nada, se apoderaron de mí. Por más que luchaba por tratar de ponerme a ello, no lograba mantener el esfuerzo. Eso fue muy duro para mí. Era como que me faltaba el aire. Vosotros me entenderéis.

Hace nada sentí el arrebato de quemarlo todo y gritar: ¡Balenciaga! Pero no, no lo hice. Por fortuna, no eliminé el blog, ni twitter, ni facebook ni nada. Quise desaparecer y fingir que mis escasos pasos como escritor no habían existido nunca. Quería quedarme en casa mirando de soslayo ese librito de fino lomo que es El admirador de Kerouac (toma cuña publicitaria) y pensar: «ese libro lo escribí yo. Todo el que lo leyó se quedó con las ganas de más, pero he sido tan gilipollas de quedarme en el sofá engordando este culo en lugar de estar tecleando hasta sangrar».

 

Quería dejarlo todo, todo lo de ser escritor. No obstante, ni yo me lo creía. Me gusta escribir como me gusta la pizza y los kebabs y el atún con patatas asadas. El caso es que tengo muchas cosas que contar aunque no valgan la pena. En mi cabeza sigue pululando aquella novela que ya va por su octavo borrador. Hay más y nuevos proyectos. Por eso digo que no puedo abandonar(me). Quiero publicar algunas cosillas más.

No hace mucho, en un grupo de amistades nos planteamos el reto de escritura diaria. Se trataba de escribir un poco cada día, unas líneas, una frase, poco o mucho. Tanto daba. El reto era escribir un poco cada día y dejar constancia en las redes para animar a los demás a escribir a diario.

Ahora es cuando te digo que todos estos pensamientos y sueños por cumplir se evaporaban en un pispás cuando me sentaba frente al portátil o frente a un cuaderno con boli en mano y me decía todo convencido que iba a eyectar vigorosamente chorrocientas palabras solo por satisfacción. Así empecé con ganas y las perdí a los pocos días. Fue lamentable. Me caía y me quedaba en el suelo viendo como las oportunidades pasaban de largo. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí dejo una monísima ilustración.

cuando te dejas llevar por los mil demonios y lo disfrutas

Qué frustración, de verdad. Esto es tan patético que hasta siento lástima de mí mismo. He estado en los dos lados: en el que escribía más que respiraba y ahora estoy en el que ¡oh mira, todavía parpadea! ¡Tuércele el cuello para que no sufra! ¡MÁTALO!

Yo no soy así. Jamás lo he sido. Pero tengo una fuerte tendencia a ser una dramaqueen cuando las palabras no brotan entre mis dedos. Luego sucede que empiezo a escribir y suelto algunas perlitas como las que acabas de leer. Hay que joderse. Debería decirle a mi yo del futuro que me venga más a menudo a darme un sonoro bofetón.

No se trata de escribir algo nuevo e innovador, sino de escribir de nuevo aunque sea la misma basura de siempre, la cuestión es no perder la costumbre.

Y aquí viene uno de esos errores que cometemos la gran mayoría, la de escribir algo nuevo e innovador. Porque nos encanta presionarnos, ridiculizarnos al extremo y practicar el autosabotaje sabiendo que son fantasmadas, que son hechos que ni siquiera han ocurrido y ya nos hemos montado una película que no hay quien la vomite. La presión por escribir lo puto mejor que nadie haya leído nunca es tan absurdo como lo de echarse pintura en espray para ocultar la alopecia.

Pero bien es cierto que cuando entras en una etapa negativa, por mucho que te lo digan los demás, la decisión de retomar la escritura la tienes tú, o yo, en mi caso.

Y esta es la muestra que necesitaba para ver que podía superarlo. Ahora llevo más de mil palabras escritas en este artículo y todo partió gracias a un tweet pidiendo auxilio a otros escritores.

Así que los he invitado para que nos cuenten ellos mismos sus puntos de vista, sus consejos y recomendaciones sobre el bloqueo del escritor.

El bloqueo del escritor

M. Abella Vázquez

Escritora, estudiante de Matemáticas, Física y Psicología, lectora insistente y autora de #QuimerasDeTinta.

¿Consejos para superar un bloqueo de escritor? Mis trucos son, entre otros, escribir algo en modo colaborativo con alguien, hablar con otros escritores o lectores sobre el atolladero en el que me he metido y, especialmente, la escritura automática. ¿Y qué es la escritura automática? Fácil: el mismo nombre te lo cuenta. Consiste en escribir sin pensar. Créeme, es un ejercicio brillante. Lo dicen hasta en “Escuela de escritura creativa”.

La técnica es tan simple como eso: arranca. Lánzate. No analices ni busques ni juzgues ni pases filtros. Cualquier cosa que se te pase por la cabeza es buena, perfecta, idónea. Da igual que no tenga sentido; si escribes “Ríos de limonada arrinconaron al soldado bajo un examen volador lleno de amapolas y cucarachas”, lo estarás haciendo bien. La escritura automática funciona por eso precisamente: no llevas encima la presión de necesitar crear contenido de calidad. Lo que escribas durante este ejercicio no debe ser bueno, ni guardar coherencia, ni ir a ninguna parte. Basta con que te liberes y escribas, que es a lo que hemos venido aquí.

Cuando lleves unos minutos, prueba a ambientar la escena en el lugar donde tu historia debería estar ocurriendo, o a meter en acción a los personajes de esa novela con la que te has atascado. Antes de que te des cuenta, tu narración se habrá encauzado ella solita.

Y, si no es así, al menos habrás pasado un buen rato escribiendo barbaridades. ¿Quién sabe? Tal vez incluso hayas encontrado nuevas ideas en el proceso.

Roberto Caldera . escribirmientrasleo.wordpress.com

Escritor de fantasía. Trabajando en mi primera novela. Lector a tiempo parcial. 15-12-2019 finalización del #ProyectoScarabaeus.

Mi trabajo me impide llevar un horario estable, lo que supone un problema a la hora de crear rutinas. Esto hace que me bloqueé más de lo que me gustaría y, cuando me siento delante del ordenador, se me pasan las horas muertas sin hacer nada. Esto me genera mucha ansiedad porque veo que el poco tiempo del que dispongo para escribir no lo aprovecho. Y esa ansiedad aumenta mi bloqueo. Lo que he descubierto que me ayuda para salir de este círculo vicioso es algo de lo que se habla mucho pero para usarlo de distinta manera. Me refiero a la libreta.

Siempre se aconseja llevar una para apuntar ideas pero yo la uso como método de redacción alternativo, escritura automática. Acostumbrado a desarrollar mis textos en el portátil, la libreta me hace desconectar de esa impotencia frente al teclado. Abro la hoja, cojo el boli y empiezo a escribir. Una idea, una noticia de la radio, una conversación escuchada en el metro, una frase de una canción. Lo que sea. Por separado o todo a la vez. Es igual. Lo importante es que escribo y voy ocupando páginas con palabras que, poco a poco, se van relacionando y creando contextos que siempre acaban disparando una idea para un relato, para un atasco de una novela o incluso para una novela nueva.

Si estás bloqueado y la página en blanco te mantiene inactivo, coge una libreta y empieza a garabatear. Verás cómo cambia la cosa.

 

Aritz P. Berra  El constructor de mundos

El Constructor de Mundos. Consejos de Worldbuilding, mitología para escritores y reseñas. Escritor y arquitecto. Padre de un dragón.

Creo que todos los que llevamos más o menos tiempo en esto de la escritura hemos tenido nuestro momento de bloqueo más o menos prolongado. Yo para eso suelo utilizar dos técnicas que me ayudan a salir del bache (o del abismo, dependiendo del momento):

La primera es el juego de las tres palabras. Cuando no se me ocurre nada para escribir, y siento que es imposible que salga algo creativo de mis dedos, pido a alguien que me diga tres palabras y un género literario. Con ellas tengo que escribir un relato breve. Me sirve para ponerme en funcionamiento y para salir de mi zona de confort. Es especialmente útil pedírselo a niños. No tienen nuestros filtros y te pueden soltar las mayores barbaridades (he llegado a escribir un cuento de terror con Spiderman, un erizo y una tarta de chocolate). Además, es más difícil decirle que no a un niño, y te esfuerzas el doble por quedar bien.

La segunda técnica la suelo utilizar en mi lugar preferido para escribir: una cafetería o un bar tranquilo. Allí, miro a mi alrededor, cojo mi libreta y comienzo a imaginarme un pasaje de la vida de alguno de los clientes, el diálogo que están teniendo los dos chicos del fondo de la barra, o el asesinato que trata de ocultar el camarero metiendo de forma apresurada todos los cubiertos en el lavavajillas. Tengo que reconocer que salí del bloqueo de la novela que estoy corrigiendo ahora al ver a una señora con abrigo de piel y tan tiesa y altiva que parecía que había que pedirle perdón por mirarla entrar en el pub donde estaba tratando de pelearme con el texto. Allí, bajo esa tenue luz, vi a una de las protagonistas de la novela, y comencé a escribir su vida para la ficha del personaje.

Jesús Carnerero

Escritor independiente/Noir&Rock-thriller-scifi-urbana/Mis cuatro novelas están disponibles aquí http://goo.gl/QfJzFQ

No me cuesta escribir: me cuesta sentarme, ponerme, concentrarme. Puedo sacar estas líneas igual que podría completar varias páginas de ficción, del tirón. Me he dedicado a la escritura a tiempo completo y es de lo que más me gusta, donde pongo toda mi energía y, por supuesto, es el trabajo que me gustaría desempeñar. Pero fallo en la constancia… Paso semanas sin teclear una palabra, publiqué mi última novela hace tres años, aparqué mi último proyecto de manera indefinida, etc. Me queda el consuelo de tener hábito, de estar siempre pensando y repasando historias, tomando apuntes, convenciéndome de que quiero escribir. ¡Volveré!

Nicolás Aparicio, Se escriben cosas

Escritor de fantasía y lo que surja. Autornomo de La Vara De Serbal y Varas de sauce. muy pronto de El anillo de los Salazar y La cacería de los Proscritos.

Ante todo quiero aclarar que no tengo La Fórmula para dejar atrás el bloqueo del escritor, nadie la tiene. Solo comentaré cosas que a mí me han funcionado.

Lo más importante es ponerse en serio. No sentarse “a ver si sale algo”. Ponerse en serio En Serio, sin distracciones, con el móvil en otra habitación, si estás escribiendo a mano. Con el router desconectado si escribes a ordenador (si usas Google Drive puedes usar el word y copiar lo que tengas luego, al menos hasta que salgas del bloqueo). Las redes sociales en este caso son El Enemigo.

Lo segundo en importancia es mentalizarse de que las primeras palabras tras un largo bloqueo van a ser algo irrecuperable. Es un calentamiento, así que hay que darse permiso para ser mediocre. Nadie lo va a leer y juzgar, si uno no quiere, ni siquiera uno mismo (Este último matiz ayuda más de lo que creemos).

Lo tercero es el qué escribir. Lo que mejor me funciona son las descripciones. Imaginar un lugar, una persona o un grupo de gente y simplemente describir lo que hay, sin temor a ser un peñazo, a usar mil adjetivos o a aburrir al lector porque, recordemos, nadie lo va a leer, es solo un ejercicio de calentamiento. Aún no has salido a correr, nadie te va a ver sudando en mallas de colores. Cada nueva cosa que describas, seguramente te hará imaginar más detalles en los que no habías pensado antes. Imagina las interacciones entre esos detalles y sus porqués. Antes de que te quieras dar cuenta tendrás varias hojas escritas y una idea en la cabeza de la cual tirar, como si fuera el pañuelo de un payaso. Vendrán unas tras otras y, si ha salido todo bien, la escritura comenzará a fluir.

Laila R. Monge 

Escritora de novela realista y literatura árabe. Mamá soñadora. Luchando por lo que creo. Autora de #UnVeloDeLibertad

Ser escritor, no es fácil.

Estamos cansados de escuchar eso de que a escribir se aprende escribiendo, de las musas que nos visitan, de esa capacidad que tenemos para sacar una historia a partir de una idea o situación… Pero, ¡qué poco se parece a la realidad!

Las circunstancias personales influyen. Tenemos al síndrome del impostor por ahí rondando para echarnos atrás con la idea, a la procrastinación que nos persigue para hacer otras cosas primero, y a nuestras emociones personales que son las que más pueden.

Ya teníamos el hábito de escribir, publicábamos en el blog cada semana, teníamos relatos y novelas a nuestro alrededor. Y, de repente, el exceso de trabajo, la situación familiar, una enfermedad, una tragedia, nos sorprenden y nos hacen perder el ritmo. No es fácil volver a cogerlo después de un tiempo sin teclear. Y cuanto más tiempos pase, más difícil.

Por suerte, tenemos a la resiliencia de nuestro lado, que nos ayuda a superar las situaciones. ¿Que no nos concentramos para escribir ficción? Probamos con la no ficción. ¿Que se nos hace difícil retomar el blog? Anotamos ideas en Evernote para un futuro. ¿Que lo que escribimos carece de sentido y cuesta que fluyan las palabras? Nos empapamos leyendo con ojo crítico y anotando posibles ideas o recursos.

Nadie dijo que fuera fácil, pero merece la pena intentarlo.

Eva Tejedor

Autora de fantasía urbana y thriller sobrenatural.

A veces pasa… pasa más de lo que uno quisiera, ¿verdad? Los bloqueos. A causa de trabajo, familia, vida… dejas de escribir. No te apetece, estás cansado, no tienes cuerpo para ello… Es así, es la vida que no deja que hagas algo creativo y la creatividad, si no se expresa, desaparece. Y aparece el bloqueo. Ese maravilloso bloqueo que no te deja escribir ni una factura.

Enciendes el ordenador, con una idea chachi en mente, abres el Word y… Nada. No consigues escribir ni media frase. Y si lo haces, te parece una santa mierda.  ¿Cuál es la mejor manera para superar algo así? Porque cuesta muchísimo superarlo. Lo sé. Lo he pasado varias veces y ninguna de ellas fue fácil. Nunca es fácil.
Pero solo he encontrado una manera de superarlo: escribir.
Enciendes el ordenador, abres el Word y empiezas a escribir. Da igual que sea una línea. Un párrafo. Da igual que sea una mierda. No te importe. Lo importante aquí es volver a escribir, no la calidad de lo que escribas. De eso ya te ocuparás
más tarde. Y repites al día siguiente. Y el siguiente. Y el siguiente.
Todos los días una frase. Luego un párrafo. Luego una página. Luego pagina y media.
Un día escribes un post. El siguiente, un post más largo. Otro, una reseña. Otro, un relato. Así hasta que vuelvas a coger carrerilla y ya no te cueste tanto hacerlo. Cuando quieras darte cuenta, estás de nuevo con la novela que tenías que terminar.
Escribir es practica y constancia. No hay otra manera de hacerlo. No hay formulas mágicas.
Haz la prueba y lo verás. Todos los días un poquito. Aunque te cueste la vida.
Hazlo.

Javier Núñez

Lector. Imaginador. Escritor de terror, suspense y distopía. Participo en el #PremioAmazon2019 con «TRAUMA». ¡Dentro link! http://relinks.me/JavierNunez

Le tengo pánico al llamado bloqueo del escritor. Ni siquiera estoy seguro de que sea real, pero puedo vivir con la duda, gracias. Y quizá mi forma de entender la literatura ayude a impedir que un día pudiera padecerlo. Porque me gusta escribir, sí. Pero lo que más me gusta es inventar. Cuando no estoy escribiendo una novela o un relato, cuando ando con las correcciones -no importa a qué profundidad- necesito seguir escribiendo historias. Mi cerebro es adicto al frescor de las «ideas nuevas». Me paso el día entero buscándolas. No importa el lugar ni las circunstancias. No hay barreras. Necesito crear, desarrollar, dotarlas de alas y echarlas a volar. Observarlas y darle rienda suelta al mantra de los «¿Y si…?».

De momento, me siento a salvo.

Pilar Navarro Colorado

Autora del libro «Entrena tu atención para lograr tus metas». Especialista en mindfulness es, además, redactora y hace informes de lectura y revisiones de textos. El próximo otoño publicará un libro de relatos sobre mujeres. Gestiona el blog www.pilarncolorado.com

Para mí el bloqueo del escritor tiene varios niveles: bloqueo en una escena concreta que no consigues resolver, ante la página en blanco o incapacidad (temporal) de escribir cualquier cosa. Esta última es la más grave. En los dos primeros casos lo que hago es:
—Leer sobre el tema en cuestión para que me ayude a desenredar la madeja de mis pensamientos, o algo totalmente diferente para descansar y dejar de pensar en lo que me bloquea.
—Meditar para calmar la mente. Como especialista en mindfulness os lo recomiendo. No medito para buscar la inspiración sino para no agobiarme por el bloqueo y encontrar la paz conmigo misma.
–Pasear: caminar me dispara la creatividad. De hecho, la mayoría de los relatos de mi próximo libro los he imaginado durante un paseo o de camino al colegio de mis hijos. Me bullen las ideas. Hacer ejercicio o cocinar también me sirve. El caso es parar y cambiar de actividad.

 

 

¡Socorro, no puedo escribir! El bloqueo del escritor

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