Estamos ante uno de mis últimos descubrimientos tardíos, para no variar. Tom Spanbauer llegó a mis manos sin hacer mucho ruido a través de una búsqueda rápida en Google cuando trataba de reunir títulos con personajes LGBT+ para un proyecto del que muy pronto te hablaré largo y tendido; fue Nuria C Botey quien acabó por convencerme con un “Spanbauer es DIOS” y claro, uno que a veces necesita poco para dejarse influenciar, me encontré de pronto en la biblioteca rogando que me prestaran Ahora es el momento.

Sobre Tom Spanbauer, con Nuria C. Botey

Tom Spanbauer
Tom Spanbauer – Ahora es el momento

En el primer contacto, este libro me produjo algo que, en cierto modo, estaba ansioso por encontrar: la sensación de que sostenía en mis manos un libro que me marcaría para siempre. No sé por qué, tal vez era el tacto del papel o quizá fue un presentimiento, ¡qué sé yo!
Pero ahí estaba Tom Spanbauer, susurrándome algo al oído,peligroso, por supuesto.
Poco después, selfie y pa’l Instagram, Twitter y en el grupo de Facebook de escritores LGBT+ donde cada día somos más gente y no sé por qué no has entrado todavía (guiño y mordidita de lengua).
Allí, Nuria (la culpable de mi devoción por Spanbauer) se alegró y me auguró una lectura que me cambiaría la vida para siempre.

Hay escritores tan buenos que me sacan de mis casillas. Truman Capote puede hacerme llorar con un cuento navideño leído en pleno agosto. Oscar Wilde toca mi vena más sarcástica. Jean Genet me vuelve violenta y Montero Glez, canalla. Pero Tom Spanbauer se lleva la palma. Su estilo y sus historias echan raíces en mi mente y se convierten en chistes privados que a veces despliego con media sonrisa en conversaciones triviales, con la esperanza de que sus lectores ocultos se delaten con un gesto afin. Muy pernicioso todo, ya sabes. Sí, estoy sonriendo.
Tenía 16 años cuando leí la reseña de El hombre que se enamoró de la luna en Blanco y Negro, la revista cultural de ABC. El 23 de abril arrastré a una de mis mejores amigas por las librerías del centro de Madrid, bajo esa fría lluvia de primavera que hiela las flores de los lilos, para encontrar el libro. «Si tú eres el diablo, no soy yo quien cuenta esta historia» Bang. Directo a la línea de flotación de la incredulidad. Y luego una historia descarnada, sexualmente explícita e inmoral, donde el amor, la libertad y la metaliteratura se funden como polvo de estrellas (sonrisa, codazo, sonrisa)
Al terminar de leer Ahora es el momento, embarazada de ocho meses, cogí una libreta y volví a empezar el libro. Por una cara del cuaderno anotaba los recursos literarios que más me fascinaban, por lo otra todas las canciones que aparecían en la novela. Busca la playlist en Spotify, está a mi nombre. Y cuando la encuentras, saluda por favor a Eleanor Rigby John de mi parte. Con una sonrisa.
La ciudad de los cazadores tímidos es recomendación fija en mis clases en las fechas cercanas al 1 de diciembre, Día Internacional de la Lucha contra el SIDA, como ejemplo de del activismo de la comunidad lgtb frente a la devastación de la epidemia. Y porque todo el mundo debería conocer a Fiona Ya.
Yo te quise más es su último libro traducido al castellano. El escritor José Luis Serrano dijo de él que Spanbauer nunca había escrito tan de verdad, y no soy yo quien para contradecirlo. Nunca había escrito tan largo, tan fuerte, tan triste, tan enfermo, tan vivo, tan viejo. Y yo me he vuelto a enamorar, porque las groupies somos así.
Oh, la Humanidad.

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Nuria C. Botey y Plata pura

¿Por dónde comenzar? Las primeras impresiones, las primeras páginas: pura droga; y un detalle que me cautivó fue el de comparar la luna plateada con una moneda de dolar.

¡Jamás lo habría visto así, y escribirlo yo, jamás de los jamases!

Sentí que Tom Spanbauer me agarraba de la nuca y me sumergía en su novela como quien te mete la cabeza en un cubo de agua y no te deja tomar aire. De repente ya estaba atravesando el umbral de las cincuenta páginas. Algo tiene su narrativa que resulta difícil describir, pero es visceral, directo al grano, rompedor y te lo cuenta todo de tal forma que, a pesar de la ausencia de diálogos marcados por guiones largos, no pierdes el hilo.

Entonces me di cuenta de que según avanzaba la lectura, más aprendía de él y, con frecuencia, me sorprendía con una risita diciendo: ¡qué cabrón!
Lo es, pero un cabrón de los buenos.

Tom Spanbauer

Como dice Yossi Barzilai en su reseña de el hombre que se enamoró de la luna: Tom Spanbauer es precursor de la denominada “escritura peligrosa”, un estilo literario que trata de vertir en el proceso creativo los miedos, oprobios y tabúes con el fin de enfrentarse a ellos. El resultado, al menos en este libro recuerda a la escritura explícita de Bukowski y a la lírica introspectiva más minimalista pero no por ello menos evocadora siendo el conjunto una especie de novela de iniciación en forma de Western. Es introspección a la intemperie, expuesta a los elementos a riesgo de ser desmoronada por el sol y por las lluvias pero, a la vez, portadora de la esperanza de convertirse en el camino más corto hacia nosotros mismos.

Sin embargo, no es así y aquí es justo donde el pulso de Spanbauer brilla con toda su fuerza al demostrar la capacidad para apropiarse de sentimientos tan profundos como desgarradores, y ponerle el nombre de Rigby John Klusener, un muchacho de Pocatello, el protagonista de Ahora es el momento.

“Gracias a Nuria C. Botey he descubierto el tipo de escritor que quiero llegar a ser”

La conexión con Tom Spanbauer ha ido más lejos y ya casi puedo decir en voz alta que este es el tipo de escritura que quiero desarrollar o, al menos, lo más parecido. Y todo fue gracias a Nuria, no me cuesta nada subrayar esto. Será mejor que lo explique.

Para empezar, encontré una pequeña similitud con este autor, y es que ambos hemos explicado que las razones por las cuales escribimos es para sanarnos. Cuando fui profesor de escritura creativa lo dije en la primera clase. Aquella tarde les conté sin entrar en detalles morbosos que, en cierto momento de mi vida, sentía que todas las mentiras que contaba eran como flechas que, una vez disparadas, se volvían en mi contra. No decía la verdad por miedo y vergüenza, con lo cual sentía que al faltar la verdad, hacía perder el tiempo a los demás. Entonces, me dedicaba a aparentar y fingir lo que uno no es. En fin, la escritura me liberaba, me limpiaba de ese veneno, me sanaba. Escribir en cuadernos que luego escondía debajo del colchón era la pomada que utilizaba a diario para curarme, y en dichos cuadernos quedaban reflejadas en forma de historias las verdades que no expresaba por falta de valentía. Con lo cual, releer esos cuadernos en silencio era como curtirme el lomo con un látigo.

Hace poco contaba en este artículo que me gusta escribir desde la vísceras porque contando las verdades, se llega mejor y más lejos. Bastantes mentiras tenemos ya como para seguirlas cosechando. Y yo no quiero mentirme más, prefiero escribir verdades con todas sus letras, aunque duelan.

De Tom Spanbauer aprendí eso mismo y, aunque nunca llegaré a alcanzar su estilo, sí tengo claro el tipo de escritor que quiero ser. Además, si lo tuyo es escribir, creo que deberías leer alguna de sus novelas para entender todo esto que te estoy contando.

Y dicho esto, me siento tan diminuto.

Si quieres saber un poco más sobre Tom Spanbauer y la escritura peligrosa, te recomiendo leer este artículo de Víctor Selles.

Cuatro consejos para la escritura peligrosa

www.tomspanbauer.com

¡Muchas gracias a Nuria por venir al blog!

Bloghttp://elblogdenuriaescritora.blogspot.com.es/

Novela Plata pura: https://www.amazon.es/dp/B06Y1Q9D68?tag=relinks2-21

Twitterhttps://twitter.com/nuriacbotey

 

 

¡Besos y abrazos!

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