relatos LGBT+

Llevo meses sin escribir relatos y eso está mal. Está mal porque es como dejar de entrenar, te oxides y sientes que tus músculos se vuelven cada vez más perezosos.

Mi querida Adella Brac no me ha dicho nada, pero yo sé que me echa de menos en su reto 5 líneas, ese reto que tantas cosas buenas me ha aportado durante los últimos años.

¿Qué es el reto cinco líneas? Además de ser un juego muy adictivo en el que tienes que inventar un microrrelato con las tres palabras que te propone cada mes, es un ejercicio muy interesante que te saca de tu zona de confort y te entretiene al mismo tiempo. Recuerdo que al principio me costaba mucho. Si eres de los que un día comenzaron a ir al gimnasio o a hacer deporte, por ejemplo, esto te va a sonar mucho. Cada vez que Adella se presentaba en el blog con las nuevas palabras propuestas, me las veía y deseaba para escribir algo decente. Con el tiempo, y te hablo de un período de casi tres años, descubrí que gracias a ello, estaba mejorando en muchos aspectos, pero sobre todo y lo que más me llamó la atención, es que estaba deseando llegar a final de mes para descubrir cada día 1 el nuevo reto. Mi mente deseaba su dosis de creatividad. Yo también lo deseaba. Es, al fin y al cabo, una cita mensual altamente adictiva para cualquier escritor novel que quiera aprender y compartir su pasión por la escritura.

Por otro lado, también estaba echando de menos aquellos días en los que publicaba relatos breves en mi antiguo blog (no lo busques que ya no existe). Aquella experiencia me brindó grandes experiencias y me llevó a publicar mi primer libro de relatos Ya lo dijo Thomas (aquí te dejo un enlace para hacerte con un ejemplar a cambio de un tweet o publicación en Facebook). Por aquel entonces escribí muchos relatos, unos mejores que otros, algunos salieron a la luz, otros cayeron en la brecha del olvido.

Como decía antes, escribir relatos te aporta muchos beneficios y te ayuda a evolucionar a través de la experimentación. ¿A que esto suena un poco raro? Lo es, quieras verlo o no, es un hecho demostrable que tus textos se enriquecen con la práctica.

En más de una ocasión te he animado a que escribas y te olvides del miedo de hacerlo mal. ¡Eso no importa! Hace unos días, Simplemente MJ nos contaba en su blog cómo superó el miedo, y unos meses atrás, yo te hablaba sobre la importancia de escribir en pelotas en este artículo. Trata de cambiar la perspectiva y aprovecha ahora para jugártela con todo lo que se tercie, ¡pero no te olvides de cuidar la ortografía! Que una cosa no quita la otra, guiño, guiño.

Después de todo este rollo, me he propuesto publicar un relato mensual muy al estilo de Alex Pler en El amor desordenado, a quien te recomiendo desde ya mismo, pero con mi propia voz.

Palabras enjauladas

Me gusta escuchar a Thalía cuando estoy cabreado, como ahora. La verdad es que musicalmente me parece un bodrio. Bueno, no me gusta nada. Pero resulta que sus canciones me recuerdan a Raúl, que a él si le gustaban. Una vez discutimos en su coche porque la puso a todo volumen y yo prefería cualquier otra cosa antes que Amor a la mexicana en bucle. Lo que debía ser un paseo romántico a donde fuera, acabó siendo una tarde de mierda.

Ahora Raúl está muerto. Me enteré el otro día a través de otro conocido que colgó un mensaje en Instagram. Todos nos quedamos helados. Según pudimos saber poco después de la noticia, su fallecimiento no estaba claro. Por eso estoy cabreado con él, o mejor dicho: estoy tan cabreado conmigo mismo, pero me resulta más cómodo culparlo a él, aunque carezca de motivos. Él ya no puede hacer nada, yo, en cambio, tengo mucho por hacer.

Llevo toda la tarde tirado en la cama, mirando nuestras fotos del móvil, las que nos hacíamos después de follar. Lo que empezó como una travesura más se convirtió en tradición. Sin aliento, sudados, y con los restos de lefa en el cuerpo, Raúl cogió su móvil y nos hicimos una selfie, sonriendo, felices. Raúl siempre conseguía girar los ojos hacia mí justo en el instante en que tomaba la foto. Después la subió a Instagram, donde logró reunir un montón likes.

Esas son las fotos que miro mientras Thalía canta y yo reviento la pared a puñetazos. Lo echo de menos, me gustaría haber tenido el valor de decirle lo que tenía que decirle el otro día, y ahora, por idiota, tendré que vivir con ese montón de palabras enjauladas en mi cabeza

¡Qué sencillo es escribirlo cuando no hay nadie mirando!

 

 

3 thoughts on “Palabras enjauladas

  1. Uffff, qué lenguaje tan directo… Pero, claro, supongo que en momentos así uno no se pone a pensar en florituras lingüísticas. Jajajaja. A ver si nos traes más relatos de vez en cuando. Besotes!!!

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