Perdiendo el miedo a escribir, con José Manuel Blanco

José Manuel Blanco

El invitado de una boda que desea que otro invitado lo empotre. Un gobernante al que le preguntan en televisión por su sexteo en Grindr e Instagram. Y un joven que se pregunta qué fue de aquel chaval con el que tonteaba en Facebook.

¿Real o ficción?

Son situaciones que un hombre gay o bisexual podría haber vivido o con las que sentirse identificado. Bueno, lo de ser un político y que te pregunten por tus conversaciones en Grindr, de momento no (que sepamos). Pero estos tres hombres, en concreto, pertenecen por ahora a la ficción: son tres de los protagonistas de Revolución en la Red, mi primer libro de relatos. Son nueve cuentos con mucho humor sobre nuestro uso de internet. Entre los temas están la privacidad o el rastro digital. Nada que no preocupe ahora a los tuiteros o que les sirva de cachondeo.

Algunos relatos de Revolución en la Red están protagonizados por hombres gays. No es para cumplir ninguna cuota: surge porque me lo pide el cuerpo, porque creo que es acorde para la historia; si lo transformara, me mentiría a mí mismo y me frustraría. Estos personajes viven su sexualidad sin problemas, comentando con otros personajes lo que sienten por hombres. El ambiente en esos relatos es ideal: no hay homofobia, no hay armarios, no hay sufrimiento interior. Como debería ser en la vida real.

Escribir sobre ellos también es una salida del armario para mí. Pienso que una persona nunca termina de salir del armario (hola, presunción de heterosexualidad), así que estos personajes y estos relatos también me pueden ayudar a mí. Como nos contó Fani Álvarez en este mismo blog, “supongo que incluir personajes diversos era el siguiente paso lógico de mi completa aceptación”. Y eso que ahora recuerdo algunos relatos que escribí en la adolescencia y que ya preludiaban algo…

Escribir ficción con personajes LGBT+ (gays, en este caso) normaliza la diversidad sexual. No sé si Manu, Daniel y Hugo (los protagonistas de La boda, Entrevista al presidente del Gobierno y Memoria digital, respectivamente) se pueden convertir en referentes para alguien, pero quiero pensar que su forma de disfrutar de Grindr y Scruff, de cotillear los torsos velludos de Instagram o de enamorarse de hombres ayudarán para que alguien con dudas sobre su orientación sexual o armarizado tenga un lugar en el que reflejarse. También, que servirán al resto del colectivo para encontrar historias con las que identificarse. A mí me ayuda y me sirven. Y por último, que será una acción más para normalizar: nos hemos criado con multitud de personajes heteros, así que estos tres hombres y sus aventuras no deberían chirriar. Son cada vez más los libros y proyectos que muestran esa diversidad sexual; entre los más recientes en español, Iridiscencia y Empotradoras. Y los de Revolución en la Red no serán mis únicos personajes gays: ya hay varios más bosquejados.

Vuelvo a citar palabras de Fani: “Más que un acto de valentía, lo considero un acto de justicia, de reclamar lo que es mío”. Y añado: un acto de dar al colectivo relatos y personajes.

Revolución en la red

Otro de los relatos, Sexting, es una conversación entre dos personajes por una app de mensajería. Estos son… ¿qué son? ¿hombres, mujeres? ¿se identifican con algún género? Lo dejo a vuestra imaginación (o a vuestro análisis lingüístico).

Por cierto, Manu, Daniel y Hugo son los protagonistas de esos relatos, pero no son los únicos hombres gays de Revolución en la Red. Lorenzo estará en la boda con Manu. Y unos tales Israel, Roberto y Aleix se pasearán por Instagram y Facebook en otros cuentos. Ahora te toca descubrir en qué consiste su papel.

Puedes comentar Revolución en la Red en redes sociales con la etiqueta #RenlaRed. También encontrarás el libro en Goodreads. A mí me puedes encontrar en mi página web, en Twitter, en Facebook, en Instagram y en Goodreads.

 

Acromatópsico

david orell

 

A Raúl le gustaba follar escuchando a Thalía. Nunca comprendí por qué le gustaba tanto, tampoco se lo pregunté. A fin de cuentas cada uno tiene sus gustos, ¿no? A mí me encantaba todo de él, a pesar de que cualquiera hubiera dicho que era un tío muy raro. Yo no creo que lo fuera, porque, como he dicho antes, cada uno tiene sus gustos, como eso que se dice sobre los colores.
Hablando de colores, ¿sabías que él tenía acromatopsia? Decía que veía la vida con un continuo toque artistico. Recuerdo que una vez me contó una historia sobre unas lentillas experimentales que le ayudaron a ver los colores. Por la sonrisa que dibujó entonces, interpreté que se estaba quedando conmigo. Así que nunca supe si aquello era verdadero o falso.

Lo que acojonaba de verdad era cuando se colocaba con un par de porros: se quedaba tan atontado que te seguía con la mirada al igual que un muñeco siniestro, sin parpadear, sin mover ni un músculo de la cara, sin hablar. Una vez, mientras follábamos, yo estaba sentado sobre él y Raúl me miraba así. ¡Me cortó el rollo! Por esa parte, entiendo que digan que era un tío muy raro. Eĺ último que me contó una historia similar fue un tipo llamado Gabriel que conocí en Grindr. Ese chico era muy afeminado, muy majo y adorable. No hicimos nada más que hablar abrazados en su sofá. No me apetecía nada más que eso. Al cabo de un rato, me dijo que se lo encontró en la puerta de su casa tras citarse con él y se le quedó ahí, estático, con esa mirada rara, sin pasar del felpudo “ready to play gay?”. Antes de irse le soltó algo así como que “ahora lo entendía menos que antes”. Gabriel cerró la puerta y se buscó a otro con quien pasar el rato.

Aquella noche, cuando volví a casa, encontré un correo de Raúl para decirme que me había bloqueado en Whatsapp y que no nos volveríamos a ver en vida. Esas últimas palabras ahora cobran otro sentido.

Así que no sé, supongo que tendré que admitir que Raúl era raro de cojones. Será mejor que hables con Gabriel, a ver qué te cuenta. Por cierto, el disco de Thalía que me prestó lo tiré a la basura. Yo soy más de Britney, ¿qué quieres que te diga?

Dejar de escribir es como dejar el gym

dejar de escribir

 

Dejar de escribir es como dejar de ir al gym o ejercitar, ensayar, entrenar, tirarse de cabeza a la operación escri-Thor.

A estas alturas no se trata de comprender cómo es posible que haya quienes puedan dejar de escribir los mismos que se definen como escritores, pero existen, aunque no lo dicen todos quienes abandonan la escritura.

Pero luego pasa lo que pasa y para cuando quieren volver a echar ríos de tinta, les cuesta más volver a coger el ritmo de teclear una hora —por lo menos— al día.

Si bien existen ejercicios y métodos sencillos para retomar el hábito de la escritura como este que ya te comenté hace tiempo, puedes simplemente liberarte de la presión y relajarte compartiendo tu experiencia con otros escritores y lectores, ya que son los que finalmente te van a leer.

Esta semana han venido algunos amigos para contarnos los detalles de su destreza en estos casos.

Ellos son Marimar González Gómez, Alejandro Fernández y Aritz P. Berra.

Dejar de escribir es como dejar el gym

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