Acromatópsico

david orell

 

A Raúl le gustaba follar escuchando a Thalía. Nunca comprendí por qué le gustaba tanto, tampoco se lo pregunté. A fin de cuentas cada uno tiene sus gustos, ¿no? A mí me encantaba todo de él, a pesar de que cualquiera hubiera dicho que era un tío muy raro. Yo no creo que lo fuera, porque, como he dicho antes, cada uno tiene sus gustos, como eso que se dice sobre los colores.
Hablando de colores, ¿sabías que él tenía acromatopsia? Decía que veía la vida con un continuo toque artistico. Recuerdo que una vez me contó una historia sobre unas lentillas experimentales que le ayudaron a ver los colores. Por la sonrisa que dibujó entonces, interpreté que se estaba quedando conmigo. Así que nunca supe si aquello era verdadero o falso.

Lo que acojonaba de verdad era cuando se colocaba con un par de porros: se quedaba tan atontado que te seguía con la mirada al igual que un muñeco siniestro, sin parpadear, sin mover ni un músculo de la cara, sin hablar. Una vez, mientras follábamos, yo estaba sentado sobre él y Raúl me miraba así. ¡Me cortó el rollo! Por esa parte, entiendo que digan que era un tío muy raro. Eĺ último que me contó una historia similar fue un tipo llamado Gabriel que conocí en Grindr. Ese chico era muy afeminado, muy majo y adorable. No hicimos nada más que hablar abrazados en su sofá. No me apetecía nada más que eso. Al cabo de un rato, me dijo que se lo encontró en la puerta de su casa tras citarse con él y se le quedó ahí, estático, con esa mirada rara, sin pasar del felpudo “ready to play gay?”. Antes de irse le soltó algo así como que “ahora lo entendía menos que antes”. Gabriel cerró la puerta y se buscó a otro con quien pasar el rato.

Aquella noche, cuando volví a casa, encontré un correo de Raúl para decirme que me había bloqueado en Whatsapp y que no nos volveríamos a ver en vida. Esas últimas palabras ahora cobran otro sentido.

Así que no sé, supongo que tendré que admitir que Raúl era raro de cojones. Será mejor que hables con Gabriel, a ver qué te cuenta. Por cierto, el disco de Thalía que me prestó lo tiré a la basura. Yo soy más de Britney, ¿qué quieres que te diga?

Dejar de escribir es como dejar el gym

dejar de escribir

 

Dejar de escribir es como dejar de ir al gym o ejercitar, ensayar, entrenar, tirarse de cabeza a la operación escri-Thor.

A estas alturas no se trata de comprender cómo es posible que haya quienes puedan dejar de escribir los mismos que se definen como escritores, pero existen, aunque no lo dicen todos quienes abandonan la escritura.

Pero luego pasa lo que pasa y para cuando quieren volver a echar ríos de tinta, les cuesta más volver a coger el ritmo de teclear una hora —por lo menos— al día.

Si bien existen ejercicios y métodos sencillos para retomar el hábito de la escritura como este que ya te comenté hace tiempo, puedes simplemente liberarte de la presión y relajarte compartiendo tu experiencia con otros escritores y lectores, ya que son los que finalmente te van a leer.

Esta semana han venido algunos amigos para contarnos los detalles de su destreza en estos casos.

Ellos son Marimar González Gómez, Alejandro Fernández y Aritz P. Berra.

Dejar de escribir es como dejar el gym

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